El misterioso moho encontrado en el reactor de Chernóbil no solo sobrevive a la radiación: parece usarla como energía. Ahora, su extraño poder abre la puerta a proteger futuras misiones espaciales.
A veces, los héroes del espacio no usan traje… usan esporas.
#ContextoExpress
En 1997, la investigadora Nelli Zhdanova entró en las ruinas del reactor 4 de Chernóbil, uno de los puntos más radiactivos del planeta. Ahí descubrió algo inesperado: un moho negro creciendo alegremente sobre paredes, techos y ductos metálicos.
Además, Zhdanova ya había visto que estos hongos parecían desplazarse hacia partículas radiactivas en el suelo. Ahora comprobaba que incluso habían colonizado las salas más cercanas al núcleo que explotó en 1986.
¿Qué se sabe?
El trabajo de Zhdanova reveló que varios hongos melanizados mostraban “radiotropismo”: crecían hacia la radiación, algo que normalmente destruye ADN y proteínas. Por otro lado, su melanina actuaba como un escudo natural, absorbiendo energía y neutralizando moléculas dañinas.
En 2007, la científica Ekaterina Dadachova descubrió que estos hongos no solo buscaban radiación: crecían más rápido con ella, hasta un 10% extra en presencia de cesio radiactivo. Además, sugirió que podían “alimentarse” de esa energía en un proceso llamado radiosíntesis. Aun así, el mecanismo exacto sigue en estudio.
La historia no termina en Ucrania. En 2018, la cepa Cladosporium sphaerospermum —la misma encontrada en Chernóbil— fue enviada a la Estación Espacial Internacional. Allí creció un 21% más rápido que en la Tierra y bloqueó parte de la radiación cósmica, levantando cejas en la NASA. Aun así, la microgravedad podría influir en los resultados, por lo que los estudios continúan.
¿Por qué importa?
Porque estos hongos podrían convertirse en el “escudo biológico” para futuras bases en la Luna o Marte. Además, permitirían cultivar paredes, techos o mobiliario que proteja a los astronautas sin cargar materiales pesados desde la Tierra.
En otras palabras, un organismo que prosperó en una zona devastada podría ayudar a la humanidad a conquistar nuevos mundos.
#DatazoKULTO
En la ISS, una fina capa de Cladosporium sphaerospermum logró reducir la radiación medida por sensores, funcionando como un mini-escudo vivo.
¿Imaginas estaciones lunares hechas de hongos que se reparan solas?
¿Crees que la radiosíntesis podría cambiar nuestra forma de entender la vida en el espacio?





